Reflexión en primera persona

 
Autora: Sara Pérez 
Veterinaria Medicina Interna y Cirugía.
Clínica Veterinaria Atlántico

 

Estos dos últimos meses están siendo especialmente duros en el trabajo. No paramos de recibir casos de animales en mal estado, abandonados, maltratados, siendo la mayoría de ellos gatos de menos de tres meses y sus madres, y perros (mal) considerados potencialmente peligrosos. 

Los casos son muy variados, pero lo cierto es que no quiero dar pena ni aburrirles con un drama que todos sabemos que está ahí, conocemos la sociedad en la que nos movemos, no les voy a descubrir nada nuevo.

Quiero quedarme con el lado positivo, con lo que he aprendido a nivel profesional y personal al trabajar en un centro que colabora con asociaciones que ayudan a animales en situación de desamparo. 

Se trata de personas con vidas normales, madres/padres de familia, soltero/as, trabajadores o en paro, con situaciones económicas normales, personas con ocupaciones y obligaciones que deciden optimizar aún más su tiempo para brindar una oportunidad a esos animales que les cuento. 

Buscan tiempo de donde no lo hay, pasan por la clínica con sus hijo/as vestido/as con el uniforme del cole mientras aguardan con paciencia sentado/as en la sala de espera, o con sus bebés en esas mochilas que están tan de moda. Escucho llamadas de sus maridos o esposas metiéndoles prisa porque no van a llegar a tiempo a el compromiso “X” del día, responden llamadas a las 3 de la mañana, se llevan animales a sus casas, gastan dinero personal, y MUCHO tiempo. 

Me pregunto si les pesa más el cansancio y las exigencias que la gente les genera, o la satisfacción del trabajo bien hecho.

Las protectoras, al menos con las que trabajo mano a mano, son más generosas y más dispuestas que algunos propietarios con sus animales (solo algunos, la mayoría son de matrícula de honor). No dudan en decir: haz lo que sea, ya buscaremos como afrontarlo. 

Muchos de esos gatos o perros se estancan, nadie pregunta por ellos. La gente no quiere adoptar pagando una tasa o una donación, algunos tienen patologías que no tienen cura, algunos problemas comportamentales, y otros simplemente no llaman la atención. Las adopciones están bajando.

Los animales se van a casas de acogida (llenas de gente excepcional también) donde no les falta nada, ni alimento, ni afecto, ni atenciones médicas. Una jaula no es lugar para ningún animal. Vienen a revisión, son hospitalizados, y aunque no todos se salvan los que lo hacen te dan un subidón. Los días buenos compensan a los malos.

Que las adopciones bajen, pero no lo hagan los abandonos genera un problema social importante. ¿Qué vamos a hacer con todos esos animales?

Ahora bien, ¿porque adoptar un animal de protectora y no uno de “mil anuncios”  o plataformas similares?

Tendrás un animal que ha pasado por revisiones médicas, vacunado, desparasitado, chipado, esterilizado. Un animal que tiene un compromiso social de fondo y no una irresponsabilidad detrás (sin ánimo de ofender a nadie, todos somos libres de tomar las decisiones que entendemos apropiadas). Vas a ayudar a frenar el ciclo de la cría indiscriminada, vas a premiar el trabajo de fondo de toda esa gente que te cuento, y además vas a estar respaldado en todo el proceso de adaptación, de educación, etc. 

Hay quien no entiende que las protectoras tengan tasas, y en otros sitios sea a coste cero, o que pidan una donación por parte del adoptante. Espero que ahora entiendan porque las protectoras necesitan una aportación económica, que no es nada en comparación con ese esfuerzo titánico, y que en ningún momento es un “sueldo” para ellos. Se necesita dinero para facturas veterinarias, alimentación, medicación, imprevistos, para salvar a los que vienen detrás. Igual que lo necesitaron para el tuyo, y para entregártelo en esas estupendas condiciones. No son un negocio ni para los que gestionan las protectoras, ni para los veterinarios que colaboran con ellas. Además vas a hacer que toda esa gente siga con ganas de seguir trabajando y con medios para poder hacerlo. 

Así que anímate, ¡que la vida es aún más divertida y maravillosa con un animal a tu lado!

Y ya a nivel personal, muchas gracias por confiar en mi y en el equipo con el que trabajo, gracias por implicarnos en cosas tan bonitas, por darnos una lección de compromiso y responsabilidad, por el afecto y el respeto. Estoy segura que en unos años conseguiremos que la situación mejore.

Autora: Sara Pérez 

3 respuesta a “Reflexión en primera persona”

  1. Tengo en casa perro y gato adoptados ambos proceden de Protectoras de animales; anímo a los que decidan,, poner un animal en sus vidas,, lo busquen en estas instituciones.

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